El vino que te encantó en vacaciones quizá no era tan bueno como recuerdas

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El vino que te encantó en vacaciones quizá no era tan bueno como recuerdas

Hay una escena que se repite cada verano. Estás de vacaciones. Has encontrado un restaurante frente al mar, una terraza escondida o una pequeña bodega durante un viaje. Pides un vino que no conocías y ocurre: te encanta.

Miras la etiqueta. Le haces una foto. Apuntas el nombre en el móvil. Quizá incluso compras alguna botella para llevártela a casa.

Semanas después llega septiembre. Abres ese mismo vino en tu cocina, lo pruebas y la sensación puede ser diferente.

¿Ha cambiado el vino? Probablemente no. Ha cambiado el momento.

Y ahí reside precisamente una de las cosas más interesantes del vino: una misma botella puede acompañarnos en situaciones completamente distintas y ofrecernos experiencias también diferentes.

Porque un vino no necesita una puesta de sol, unas vacaciones ni una ocasión especial para disfrutarse. Pero todo lo que sucede alrededor de la copa también forma parte del recuerdo que construimos con ella.

El contexto también se bebe

Cuando probamos un vino intervienen el gusto y el olfato, por supuesto, pero nuestra experiencia es mucho más amplia.

El lugar, la compañía, la comida, la música, nuestro estado de ánimo o incluso las expectativas pueden acompañar y enriquecer aquello que estamos percibiendo.

La psicología y la investigación sobre percepción multisensorial llevan años estudiando precisamente esta relación. El investigador Charles Spence, de la Universidad de Oxford, ha analizado cómo elementos externos al propio alimento o bebida pueden influir en nuestra experiencia sensorial.

Esto no significa que el contexto convierta mágicamente un vino en algo que no es. Significa algo mucho más interesante: cuando disfrutamos de un vino, no lo hacemos de manera aislada.

Pensemos en una copa de Albariño durante una comida junto al mar. A su alrededor hay pescado, conversación, temperatura agradable, quizá el sonido del mar y, sobre todo, tiempo. Ahora pensemos en esa misma botella abierta meses después durante una cena en casa. La escena ha cambiado, pero eso no tiene por qué restarle valor. Al contrario: puede permitirnos descubrir el vino desde otro lugar.

Quizá prestemos más atención a su aroma. Quizá encontremos un maridaje que nos sorprenda. O quizá simplemente disfrutemos de abrir una buena botella después de un día de trabajo.

El vino también tiene memoria

Los aromas y los sabores tienen una enorme capacidad para quedar vinculados a determinados recuerdos. Por eso hay vinos que asociamos inmediatamente a un viaje, una comida, una celebración o una persona. Volver a probarlos puede activar parte de esa memoria, aunque estemos a cientos de kilómetros del lugar donde los descubrimos.

Y ahí está uno de los grandes atractivos del vino. No bebemos solamente variedades, denominaciones de origen o añadas. También construimos experiencias alrededor de ellas.

La botella que descubriste durante las vacaciones puede recordarte aquel verano, pero también puede acompañarte en una cena meses después y generar un recuerdo completamente nuevo.

Una experiencia no invalida la otra. De hecho, puede ocurrir algo todavía mejor: que al probar el vino de nuevo, con más calma y en otro contexto, descubramos características que habían pasado inadvertidas la primera vez.

La misma botella puede contar historias diferentes

También existen cuestiones puramente prácticas que influyen en cómo disfrutamos de un vino. La temperatura del vino, la copa, el tiempo de apertura o el maridaje pueden hacer que determinados aromas y sabores se expresen de forma diferente.

Un blanco excesivamente frío puede mostrarse menos aromático. Un tinto servido demasiado caliente puede resultar más pesado. Una copa adecuada puede ayudarnos a percibir mejor los aromas y una combinación acertada con la comida puede conseguir que tanto el plato como el vino ganen juntos.

Por eso, cuando recuperamos en casa una botella que conocimos durante un viaje, merece la pena prestarle cierta atención. No para intentar reproducir exactamente aquella experiencia —difícilmente podremos instalar el Mediterráneo en el salón—, sino para crear una nueva.

Tres vinos para seguir disfrutando septiembre

Septiembre es especialmente interesante para elegir vino. Seguimos teniendo días cálidos, terrazas y comidas ligeras, pero poco a poco regresan las cenas en casa y empiezan a apetecer sabores algo más otoñales.

Es un mes perfecto para no elegir entre verano y otoño.

Pazo As Barreiras Albariño: para quienes todavía no quieren despedirse del verano

Pazo As Barreiras, de Bodegas Villanueva, es un Albariño 100 % elaborado bajo la D.O. Rías Baixas.

Es un vino fresco y equilibrado, con presencia de fruta, notas cítricas y una acidez integrada que lo convierte en un compañero especialmente agradable para pescados, mariscos, arroces o comidas ligeras.

Una botella perfecta para una terraza de septiembre, pero también para abrir en casa y alargar esa sensación de verano durante unas semanas más.

Porque no hace falta estar mirando al Atlántico para disfrutar de un Albariño. Aunque, reconozcámoslo, las vistas nunca molestan.

El Primer Beso: un tinto para empezar a cambiar de estación

Cuando empieza a apetecer volver a los tintos, pero todavía buscamos vinos frescos y fáciles de disfrutar, El Primer Beso, de Valdemonjas, ofrece un perfil especialmente apropiado.

Elaborado con Tempranillo en la D.O. Ribera del Duero y sin crianza en madera, mantiene el protagonismo de la fruta y presenta un carácter fresco, aromático y amable.

Puede acompañar un tapeo, una comida informal o una cena en casa. Es uno de esos vinos que demuestran que disfrutar de un tinto no tiene por qué estar reservado a los meses fríos ni a platos especialmente contundentes.

Jaros Albillo Mayor: cuando septiembre empieza a mirar al otoño

Para quienes buscan un blanco con un perfil diferente, Jaros Albillo Mayor, de Bodegas del Jaro, abre otra posibilidad.

Elaborado con Albillo Mayor en Ribera del Duero y con fermentación y crianza en barrica, presenta mayor volumen y complejidad, combinando fruta, notas cítricas, frutos secos y matices procedentes de la madera.

Es un blanco especialmente gastronómico, capaz de acompañar pescados elaborados, carnes blancas o platos con algo más de intensidad.

Una buena elección para esa transición en la que seguimos queriendo blancos, pero empezamos a pedirles algo diferente.

¿Podemos recrear aquella copa de vacaciones?

Quizá no exactamente.

Y tampoco hace falta.

En lugar de intentar reproducir aquel restaurante, aquella terraza o aquella puesta de sol, podemos preocuparnos por algo mucho más sencillo: crear un buen momento alrededor de la botella.

Servirla a la temperatura adecuada, escoger una buena copa, preparar algo que combine bien con ella y, sobre todo, dedicar unos minutos a disfrutarla.

Porque uno de los mayores enemigos de un buen vino no es volver de vacaciones. Son las prisas.

Un vino puede acompañar una gran celebración, pero también una cena sencilla. Puede abrirse cuando vienen amigos, durante un aperitivo de domingo o simplemente porque hemos encontrado una botella que nos apetece probar.

No todos los buenos momentos necesitan estar marcados previamente en el calendario. A veces una botella también puede ayudar a crearlos.

El vino no necesita vacaciones para saber a vacaciones

Quizá aquella botella te supo especialmente bien frente al mar. Y quizá, al volver a abrirla en casa, descubras algo diferente.

No es mejor ni peor. Es otro momento.

Esa es precisamente una de las grandes virtudes del vino: su capacidad para acompañarnos en contextos completamente distintos y seguir teniendo algo que contar.

Hay vinos para una comida de domingo, para una celebración, para una terraza en agosto y para esa cena improvisada de un miércoles en la que decides abrir una botella simplemente porque te apetece.

No hace falta esperar una ocasión especial para disfrutar de un buen vino. A veces, es el propio vino el que convierte un momento cotidiano en algo especial.

Porque alrededor de una copa importan el lugar, la comida y la compañía. Pero también importa algo mucho más sencillo: las ganas de disfrutarla.

Las vacaciones terminan. El placer de descubrir, compartir y disfrutar un buen vino, afortunadamente, no.

Y quizá esa botella que trajiste del verano no tenga que transportarte de nuevo a aquella terraza. Puede empezar a formar parte de un recuerdo nuevo.

En AV Vinos puedes seguir descubriendo nuevas referencias y encontrar vinos para septiembre, para otoño, para una celebración o para cualquier día en el que simplemente apetezca abrir una buena botella. Porque siempre puede haber un buen momento para descubrir un vino.

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